Más de un centenar de personas celebraron en el muro entre California y México la ‘Posada sin Fronteras’, que recrea el peregrinar de María y José en busca de refugio, una historia que cobra más sentido por el retorno de Donald Trump a la presidencia y su política de puertas cerradas.
Líderes religiosos y activistas proinmigrantes se reunieron en los dos lados de la frontera para continuar con la tradición de escenificar el viaje a Belén y compararlo con quienes se arriesgan para llegar a Estados Unidos.
Según la tradición mexicana, los peregrinos hacen un recorrido en busca de un albergue y cuando lo encuentran entran a esa morada para celebrar con ponche caliente, piñatas y cena. En la frontera es distinto. Los activistas del lado estadounidense no pudieron dar posada a los migrantes del lado mexicano.
Es la primera vez que los grupos de México y California han estado tan separados que no se pudieron escuchar los cantos que se dirigían. A los grupos los separaron dos muros paralelos de más de nueve metros de altura, alambre de púas, y la vigilancia de agentes de la Patrulla Fronteriza.
El mensaje “es que siempre se debe dar la bienvenida a los migrantes que huyen del peligro, eso hace parte de los derechos humanos”, dijo el coordinador del evento en California, Pedro Ríos. San Ysidro (EFE)